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viernes, 13 de marzo de 2015

La Lastra, el pueblo maldito



Nacho Ares durante la grabación del programa
Los jóvenes, seguían a duras penas los pasos largos del pastor que les hacía las veces de guía, trepando por la empinada trocha que se acercaba a la aldea. Se pararon junto a una fuente de aguas cárdenas, casi metálicas en las que se desdibujaba la silueta de los viejos álamos negros que la custodiaban. Corría el año de 1903 y uno de esos jovencillos era Constancio Benaldo de Quirós, que todavía lo desconocía, pero estaba a punto de descubrir La Lastra. Cómo describiría después, “era una aldea en ruinas, abandonada en la entraña de la Sierra de Malagón, tan sólo habitada por unas viejas, viejas horribles, que se congregaban bajo los sórdidos umbrales; un lugar ingrato abandonado por sus moradores y en el que hubieran anidado una legión de malas hechiceras.”
Hoy, en los primeros compases del siglo XXI, parece mentira que a escasos kilómetros de la capital, todavía queden intactos lugares para el misterio. Lugares telúricos donde las historias se agolpan a los largo del espacio tiempo en apenas unos centenares de metros cuadrados, y La Lastra es uno de ellos. Aventurarse por los paredones arrumbados, sucumbidos al peso de la vida y la naturaleza que pugna por borrarlos del mapa, se convierte en una especie de puerta en el tiempo y en el alma.
La ruinas de La Lastra

Mujeres lobo, brujas, persecuciones, espectros o la trágica huella de una guerra fratricida, marcaron sus muros, con una marca indeleble que lo impregna todo, pasear entre sus ruinas es pasearse entre las ruinas del subconsciente colectivo, de los temores ancestrales y del mito y el rito más ligados que nunca, a la tierra.

Fruto de ese parto entre Gea y el hombre es la mujer, objeto mágico capaz de engendrar la vida, fuente de veneración desde la noche de los tiempos a la que se le otorgo el conocimiento, la Gran Madre,  en la que se depositaron las facultades para servir de nexo entre este y el otro mundo, capaces de aliviar el dolor, la enfermedad o de castigar con los males más terribles. La deformidad se cebó en algunas de estas mujeres, otras, emitían una belleza cautivadora, magnética, que llevó a la perdición de muchos.

Perseguidas, incomprendidas, sufrieron en sus carnes la irá de los temerosos, de la envidia, de los inferiores, de los dolientes, de los poderosos, de los hombres…

La Lastra permanece perdida en el corazón de la sierra, como testigo de un mundo único, cargado de símbolos, de fuerza y de vida, oculto por las nieblas de la superstición, las envidias y los juegos de poder.

 

 



En compañía del equipo de grabación de Cuarto Milenio
 

martes, 6 de mayo de 2014

La Lastra, el pueblo de la la ultima mujer lobo
















Imagen de la espadaña dela iglesia derruida de La Lastra.


En el nudo que forma la sierra de Guadarrama con las crestas de Malagón, a escasos kilómetros de la capital, quedan lugares donde habitan misterios insondables o enigmas que siguen atrayéndonos,  generación tras generación; y el despoblado de La Lastra es uno de ellos.
Una pequeña población de montaña, habitada por campesinos dedicados a la ganadería y a la agricultura que bien a su pesar,  siempre estuvo marcada por el dedo de la superstición. Cacerías de brujas, extraños sucesos, hasta licantropía sucedieron entre estas paredes ahora arrumbadas y abandonadas.
A caballo entre dos provincias: Madrid y Ávila, hasta en eso fue especial, la mitad del pueblo se empadronaba en Santa María de la Alameda y la otra mitad, en Peguerinos, pues la división judicial parte el pueblo en dos, cruzando por la misma puerta de la iglesia, cuya espadaña malograda es el único vestigio en pie.
Algunos de sus habitantes parecen no querer irse, realizan sus tareas, pasean en sus habitaciones o esperan sentados en el quicio de la puerta a que regresen sus seres queridos, y se repiten con cierta frecuencia estos episodios de entes que quedaron atrapados entre los restos, hoy sepultados por la vegetación y el abandono.
En las noches de luna llena, cuando el paramo aparece límpido, azul, sólo perturbado por la voz lúgubre del cárabo, es fácil de imaginar las hordas de fanáticos, antorcha en mano, que acudían de otras poblaciones en busca de brujas. Brujas, que decían con completa convicción, acudían a estas rocas, a estos mismos prados, a bailar desnudas y realizar sus maléficos sortilegios las noches de aquelarre.
Aquí el sociólogo y abogado criminalista Bernaldo de Quirós, descubrió en los primeros años del siglo XX una mujer licántropo, que ejercía el oficio de la usura entre sus vecinos y el de mendiga en los pueblos aledaños. Decían que llegando el celo del lobo con los fríos del invierno, pese a su avanzada edad, se echaba al campo y se rasgaba las ropas, e incluso, había llegado a morder  al ganado. Y que era cuando se le pasaban estas fiebres, que acudía de nuevo al pueblo y ejercía como una más de los vecinos.

Todas estas y historias y muchas más las conocerás  en nuestra senda el Camino de La Lastra, este 7 de junio(Necesario reserva previa en enriquegarcia.natursierra@gmail.com) o este jueves 8 de mayo a las 22:30, Ruta 179: Santa María de la Alameda,  en Telemadrid. Si deseas conocer nuestra comarca tienes a tu disposición varias sendas en nuestros "Caminos y Sendas" y próximamente programaremos algunas de ellas para disfrutar en grupo.
Ruinas del despoblado de La Lastra

Algunos procesos naturales, pueden tener apariencias paranormales.

Imagen de la grabación del programa para Telemadrid.




Desde Natursierra, agradecer al equipo de grabación su simpatia y paciencia.


lunes, 29 de octubre de 2012

Descubrimos un pueblo abandonado

Un pueblo fantasma que quedó totalmente abandonado tras la guerra civil y que hoy sólo lo habitan las ortigas y las zarzas. La escueta torre de su campanario te está esperando.
Este domingo, 4 de noviembre, realizamos el Camino de La Lastra, una ruta para todos los públicos de nivel sencillo que nos invita a descubrir uno de los parajes más enigmáticos de nuestra sierra, el despoblado de La Lastra, repleto de leyendas y misterios.

Aprovecharemos para conjugarla con la Senda del Melojar, una visita naturalista al interior del robledal de melojos que cubre las faldas de nuestra sierra y conocer un poco más este árbol y los habitantes que lo acompañan. Recorreremos parte de las parameras serranas, que son un excelente mirador para descubrir, con suerte, algunas de nuestras rapaces más emblemáticas.

Comenzaremos la ruta en la plaza de la iglesia o de la Constitución de Santa María de la Alameda (Madrid) a las 10:00h. Rogamos confirmar la asistencia en el correo enriquegarcia.natursierra@gmail.com, sino sabemos que vienes, no te esperamos.

Si es la primera vez que venís echa un vistazo a cómo llegar.

Recomendamos calzado cómodo, chubasquero y algo para echar un almuerzo campero a mitad del recorrido. Como siempre toda la información la tienes en nuestras rutas para descargar en PDF.



Anímate, esta vez no tienes escusa.

viernes, 29 de junio de 2012

Una mañana de Reyes...

6 de abril 2012
Navalespino- La Lastra










Una nevada tardía para un naturalista en ciernes, es como una mañana de Reyes para un niño, una locura.

El aire se ha echado y ha estado nevando toda la noche dejando una capa de nieve esponjosa y suave de 8 cm. Los árboles mantienen el blanco elemento pegado entre sus ramas a modo de espectaculares estatuas. El cielo plomizo desciende con frecuencia hasta convertirse en niebla. El manto blanco se descubre como un mapa tapizado de senderos, de conductas, de itinerarios…expuestos para ser leídos.

En los prados de robles melojos, encontramos las correrías de un noctámbulo erizo, las diminutas huellecillas de un ratón de campo, o las pisadas de la urraca. El zorro ha dejado sus lineales pisadas y nos descubres fascinados su táctica, astuto como siempre, la nieve le delata, no cruza como cabría esperar por debajo de la cancela que tiene espacio suficiente, prefiere, metros antes, saltar por la tapia, para bordear hasta salir por el mismo sitio.

Mientras ascendemos al piornal, pronto se descubren las huellas del conejo y poco más allá tras una liebre sus huellas. Unos pasos y otros nos hacen acercarnos a un pinarete de pinos negrales donde la nieve dibuja curiosas formas con las acículas caídas. Desde aquí resuena la llamada nupcial de una perdiz.

El aire comienza a levantarse y arranca de las ramas altas unos copos, poco después comienza a nevar de nuevo.

La tarde se ha sucedido más fría que la mañana, alternándose nubes que descargan con violencia un granizo menudo, o copos helados que rápidamente blanquean la carretera. La acción continuada de las quitanieves y la sal, evitan que las carretas colapsen. Nos adentramos por el camino del Navazo, hasta el despoblado de La Lastra, caserío arrumbado durante la contienda civil, que no volvió a levantarse. Apenas si quedan algunos paredones y la portada de la iglesia, como un símbolo que lo identifica como pueblo y no como algunos casillos desperdigados, sucumbidos al abrazo de la maleza.

Tomamos la calleja hasta el prado, donde antaño se sembraron unos fresnos en la cabecera de la fuente para dar sombra y barda al ganado durante el verano. Se recogieron los cascajos en majanos y un curioso chozo abovedado para el cobijo del pastor en las tormentas. De entre unas carrascas menudas, saltó una liebre, que en apenas unos brincos volvimos a perder de vista.

Apenas si asomaba el sol, corrían resueltos los regajos por el camino, o se tornaba una ventisquilla de granizo menudo.

Cruzamos por los prados de Navalsantero, donde encontramos la carroña de un zorro, quizás, lo más probable abatido de un tiro.

Entre los piornos e hiniestas nevados, si se observan el caminar lineal de un zorro, que ha corrido mejor suerte. De frente en los altos de las Navas, la tormenta sacude con fuerza y violencia un buen nevazo, apretamos el paso, que tenemos cerca el pueblo.

 Solo en las cotas altas la nieve cuajó
 Ganado híbrido de origen limusín
Chozo de piedra
Piornal nevado
 Pinar de pino negral ó resinero
 Interior el pinar con enebro común
Piña y acículas de pino negral (Pinus pinaster)
 Robledal de melojo adehesado
Orla arbustiba del melojar