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jueves, 21 de febrero de 2013

Camino del San Benito

Este mes os proponemos un viaje al bosque secreto, enmarañado, donde habitan miles de ojos, el enebral. Nos adentraremos en él para conocer su flora y su fauna, descubrir sus curiosidades y sus tesoros escondidos. En las inmediaciones de uno de los montes más emblemáticos de la comarca, el Cerro San Benito, repasaremos la historia reciente más oscura de nuestro país, recorriendo las antiguas posiciones de la Guerra Civil, monumentos a la barbarie en forma de trincheras, fortines y puestos de observación. Esto un mucho más nos espera este domingo 24 de Febrero en La Paradilla, una pedanía de Santa María de la Alameda, si no sabes llegar picha aquí.

Comenzaremos a las 10:00h, rogamos ser puntuales. El itinerario tiene tres alternativas, que realizaremos según las condiciones físicas y climatológicas del grupo.
Llevad ropa de abrigo, chubasquero y algo de comida.

Esta sí que no te la puedes perder.

   

viernes, 5 de octubre de 2012

Después del fuego

Una vez comprobado que el terreno esta totalmente extinto, pues el fuego puede permanecer latente en el interior de tocones y ante una corriente de aire comienzar de nuevo arder, podemos ponernos manos a la obra.

Arriba el antes imagen tomada en el mes de Mayo y aqui el después.
Debemos efectuar una primera evaluación y retirar aquellos ejemplares totalmente calcinados, no más. Actuar sobre las superficies con pendientes más pronunciadas, con la elaboración de pequeñas empalizadas que retrasen la escorrentía y esparcir capas de paja, para evitar la erosión más intensa del agua en las pendientes más expuestas.

Lo siguiente e inmediato, sería inspeccionar las cuencas hidrográficas y conos de deyección, para limpiarlos, ante la posibilidad que fuertes precipitaciones arrastren lodos, protegiendo la zona de otro tipo de desastres.

Recolectar en el otoño, semilla de los árboles de la zona y comenzar su plantación en semilleros, principalmente de encinas, enebros, fresnos y melojos, así como un sustrato de arbustos como retama, torvisco, majuelo,…

Tras el paso de la primavera, establecer nuevos turnos de corta, para asegurarnos que ejemplares han sobrevivido, efectuar aclareos entorno a los pies progenitores y podar las partes afectadas.

Para evitar la especulación con esta madera, se debería a proceder a su saca con medios manuales, como caballerías, para evitar dañar el suelo en este estadio tan delicado y no bajar en más de un diez por ciento el precio de mercado, pues la calidad de la madera no esta en nada afectada.

Será seguramente necesario la colocación de trampas de feromona, para controlar la población de escarabajos de la madera, sobretodo los especializados en madera quemada, que si bien nos ayudaran a crear suelo, no debemos de dejar descontrolados, para que terminen convirtiendo en un problema añadido.

Posteriormente se debería comenzar a la replantación allí donde las características del terreno lo recomienden, buscando con ello la integración de una variedad de especies y un mosaico intercalado de ellas. Es decir, evitar el monocultivo de pino y su degradación de jaral, procurando un mosaico de bosquetes intercalados con claros de pastizal de diversas especies como encinas o melojos en las umbrías más frescas y fresnedas en las vegas, haciendo especial interés en un estrato arbustivo que sombree y proteja el suelo de la insolación y se regenere en plazos más breves.

La limitación del pastoreo ha plazos superiores a los diez años, o la división de cuartes donde poder ejercer dicha actividad sin detrimento de la regeneración de las áreas forestales.
Y después del fuego, cuando vemos que nuestros políticos, se afanan en prenderlo de nuevo, reforestando rápidamente con especies de crecimiento rápido sin atender a mayores criterios que el meramente electoral y económico, para ciertos intereses especulativos, los llamados falsamente “ecológicos”, echamos de menos que no solo desde los movimientos ecologistas se abogue por otras formas de repoblación, sino que sea la universidad la que se implique y pase del mundo de la teoría a convertirse en una referencia a nivel practico.
La sangre del pino, la temperatura hace que la resina varie la tonalidad, lo que no deja de quitar dramatismo a la imagen.

La vegetación autóctona, resiste mejor el embate del fuego.

La rapidez de crecimiento de los pinos, ha sido desde antiguo la especie emblemática de las repoblaciones, pese a que ante un incendio se conviertan en una tea difícil de controlar.

El bosque autóctono, el encinar en estas latitudes, esta aclimatado a los frecuentes incendios del bosque mediterráneo, y los fuegos esporádicos los solventa con habilidad si el terreno no ha sido muy degradado.


jueves, 27 de septiembre de 2012

Entre las cenizas

Entre las cenizas: pájaros, zorros, milanos, buitres... recorren el escenario de la tragedia. Entre los árboles ennegrecidos algunos signos esperanzadores: un pino verdea entre el gris panórama, un hormiguero, continua su quehacer entre las cenizas, la vida continua pese a la acción de los terroristas.




Inmediaciones de La Paradilla
 Una vez terminados los trabajos de extinción, conviene una valoración antes de hacer propuestas.Para ello aquí teneís una muestra de nuestro trabajo de campo.

Los ecosistemas afectados han sido pinar de pino negral (Pinus pinaster) con claros de enebros (Juniperus oxycedrus) y jara (Cytisus ladanifer) con pies aislados de encina (Quercus ilex) y bosquetes de fresnos y sauces en las proximidades de río Cofio.
Encinas y algunos pinos han sobrevivido al paso de las llamas
El bosque mediterráneo esta perfectamente adaptado al fuego, siendo parte de ciclo evolutivo de su ecosistema, la degradación contante que ha sufrido por el laboreo y pastoreo intensivo son la causa del la proliferación de la masa de pino negral que se extiende por los antiguos baldíos de los encinares.









Aspecto que presentaba días antes
La acción del fuego se ha limitado, en mayor medida, al sustrato herbáceo, que se encontraban en el final de su ciclo vegetativo. En el estrato arbustivo compuesto principalmente por jara pringosa y enebro de la miera, nos encontramos con especies sobre todo la primera, pirófilas, capaces de reproducirse en terrenos quemados y soleados.
El estudio de las estructuras, nos indica que si bien aparecen sin follaje y ennegrecidas, la temperatura no ha afectado el interior de sus tejidos, no penetrando en fuego en sus troncos, salvo raros casos, sin embargo todavía es pronto para asegurar el impacto que han sufrido el sistema radial.

En cuanto a los pinos, los pequeños ejemplares, que todavía no eran reproductores, han perdido la totalidad de sus acículas y aunque su madera permanece intacta, pues la corteza le ha protegido convenientemente, los daños sufridos en el subsuelo les afectarán en mayor medida. Los ejemplares que aparecen quemados completamente o partidos por el fuego, son los menos. Aparecen en numerosos lugares ejemplares adultos, productores de semilla, que mantienen un tercio de su copa o más sin haber sido afectada, por lo que intuimos que su sistema radial profundo no ha sido afectado y podrán continuar.

Estado actual



El estudio general del suelo y de sus microorganismos, nos lleva a primeras valoraciones positivas, la temperatura que ha alcanzado en un sotobosque fundamentalmente herbáceo o de pinocha reseca, no han sido lo suficientemente alta para profundizar en el interior de la tierra más de unos centímetros, pudiéndose salvar gran parte de las bacterias y hongos que en ella habitan. Las condiciones químicas han cambiado y caben reservas en su próxima evolución.

Hemos de destacar en este primer estudio, que aparecen gran número de pies poco o nada afectados en áreas totalmente calcinadas, que corresponden con especies típicamente mediterráneas como encinas y enebros de la miera, así como bosquetes de melojos o fresnedas, que apenas han sufrido la incidencia del fuego, lo que nos debería hacer pensar en ciertas conclusiones.









Pese al panorama, la mayor parte de las estructuras internas no estan afectadas


L catas en los troncos muestran que la corteza ha permitido en buen número, mitigar la acción del fuego


Los hormigueros a plena actividad, muestran que la intensidad del calor fue muy superficial



Huellas de zorro, tras la tragedia los oportunistas encuentran en las víctimas un recurso energético.
 




viernes, 14 de septiembre de 2012

¡Fuego!


A la voz de fuego se sorprendieron los vecinos de Robledo de Chavela, cuando alzaron la vista al cielo y se encontraron tres grandes columnas de humo. Era el lunes 27 de agosto, y se habían levantado muchos tarde, pues la noche de fiesta había sido larga.
Los focos se iniciaron a lo largo de la carrera.
La información aparecida en distintos medios, muchas veces se contradice; los datos seguros son los siguientes:


Efectivos aéreos de otras provincias ayudaron en la lucha.
 
Al caer la noche, sólo pudieron actuar los retenes.

Se sabe que el fuego comenzó en la carretera de Valdemaqueda a Robledo de Chavela, nada más salir de la localidad madrileña de Valdemaqueda pasado el puente del río Cofio, se encuentran los tres focos iniciales del fuego. Junto a la cuneta y distanciados unos de otros unos centenares de metros. El incendiario sabia lo que hacia, iniciando el fuego en las proximidades de las urbanizaciones, los cuerpos de extinción se verían en la obligación de socorrer las viviendas y las poblaciones, dejando a su suerte al monte. Y eso mismo es lo que sucedió, el fuego amenazo de manera que podemos comprobar a los chalets de Robledo, las urbanizaciones de La Suiza Española y la urbanización Río Cofio. Pese al intenso trabajo de los medios de extinción y los medio aéreos desplegados, los casi 20 kilometros de frente y las numerosas viviendas diseminadas por la sierra, no pudieron evitar que el fuego se extendiera por las faldas del cerro Santa Catalina y la proximidades de la Paradilla. La intensa humareda, obligo a evacuar las pedanías de El Pimpollar, las Juntas y la Paradilla, así como urbanizaciones y residencias de Robledo de Chavela.
El fuego parecía controlado en la noche del mismo lunes, pero el viento se levanto al anochecer, cuando los medios aéreos casi lo tenían sofocado, y el fuego se extendió alzándose hasta la cuerda de Santa Catalina. El martes se pudo controlar, pero las altas temperaturas obligaban a sofocar pequeños conatos que se reanudaban continuamente. El miércoles se dio por sofocado, pese a que hasta el domingo la presencia de retenes ha sido continua vigilando la zona, donde algunos tocones, humean ante algunas ráfagas de viento.

La superficie quemada se estima, a falta de cifras oficiales, entre las dos mil hectáreas a las cuatro mil, según los medios.



 
Mapa de la zona afectada durante el primer día/ ABC

El fuego iniciado por encima de la carretera, salto esta y el río /EL PAÍS

El fuego llegó hasta los jardines de algunas casas/ EL PAÍS

Algunas urbanizaciones quedaron rodeadas/ EL PAÍS

El fuego se quedo a las puertas de La Paradilla/ EL PAÍS

 
 





lunes, 2 de julio de 2012

La senda de las pedanías, el camino de los oficios olvidados



Recorrido por los pueblos de la comarca.
Santa María de la Alameda, Navalespino, Las Herreras, El Pimpollar, La Estación, La Paradilla, La Hoya, La Cereda y Robledondo.
Cuaderno de la Ruta disponible en PDF

















             
                   Calle Regiones, Santa María

De amanecida, emprendimos la ascensión a los altos de Navalespino, entre los piornos que ceden la floración a las más altas hiniestas y las puestas de los saltamontes, que a modo de escupitajos, afloraban entre sus ramas. Un zorro trasnochador vuelve a casa, por suerte para el conejo que se despereza en la trinchera. Pronto descendemos ladera a bajo y en compañía de un bosquete de melojos ponernos a la vera del arroyo y encaramarnos a Las Herreras.

Aprovechando todavía la fresca, apretamos el paso buscando los bosquetes del Cofio, más allá de donde se une el Valtravieso con el Arroyo de las Herreras. Suave descenso entre los viejos molinos arrumbados que nos encamina a pasar por debajo del Puente Recondo y depositarnos en El Pimpollar.

Ya el sol se ha hecho dueño y avanzamos junto a la carretera por los viejos restos de la calera, para hacer un descanso en La Estación, y nunca mejor dicho a la verita misma del edificio de finales del XIX.

Casi paralelos a la vía, vamos ascendiendo entre los baldíos retomados por la jara y el enebro, entre los recuerdos olvidados de los viejos trenes de carbón hasta alzarnos en La Paradilla.

Comienza aquí una breve bajada, casi vertiginosa hasta el cauce casi extinto del arroyo, para subir solana arriba, por un suelo dorado de moscovita hasta los casillos de La Hoya. Ahora de nuevo tomamos carreta arriba hasta la afamada venta de La Cereda, hospedería de zarzas y ortigas, venida a menos mucho tiempo atrás, pero que guarda románticos recuerdos entre sus paredones caídos.

Tomillar arriba, bordeando la cabeza del Cerro Cabezuelo subimos hasta las eras de Robledondo, que quedan allí abajo, en la otra ladera. Pues allí, descendemos por la pista hasta reencontrar de nuevo la carretera y cruzar Robledondo por su barrio ribereño y regresar de nuevo a está, entre la sombra de los robles melojos y el jaral descarnado de la solana.

Pararemos junto al Aceña a comer, para continuar de nuevo ascendiendo por la calleja, donde huele a heno y sauces y fresnos refrescan a trechos el camino, por bajo de la carretera, por un paso de ganado, cruzamos al otro lado para subir por la Alameda, hasta la Propia Santa María que da nombre, y nos descansamos en su plaza a un lado la iglesia al otro la casa consistorial y a la espalda la rectoral.

Paso firme y hasta casa, buen día, buena caminata.

Flor de hiniesta

Estación de Ferrocarril, La Estación

Camino entre pinos y encinas

Potro de herrar, Robledondo

Enebro de la Miera
(Juniperus oxycedrus)

Vivienda típica serrana, Robledondo