miércoles, 5 de marzo de 2014

Los Buscadores de Cajas


Los investigadores Carolina Remacha y Javier Pérez Tris de BCV
El robledal de La Herrería presenta ahora un atractivo sin igual. Se nos presenta húmedo, verde, esponjoso, tierno y el paisaje nuboso de estos días de finales del invierno, nos anticipa ya, con las primeras flores, la inminente llegada de la primavera. Pero en estos troncos cubiertos de líquenes y musgos, ahora podemos ver con claridad esos pequeños habitantes alados, que llenan de música las mañanas soleadas. El regordete agateador, el sin igual trepador azul, el parlanchín carbonero, el pequeño herrerillo, el delicado mito, el esquivo arrendajo, la silenciosa paloma torcaz, los enamoradizos cuervos… una miríada de individuos que son más presentes en esta época, que en ninguna otra, por la escasez del refugio que les otorgan las hojas. Ahora que las reservas están bajo mínimos y algunos, andan preparando las maletas para el viaje de regreso a sus cuarteles de cría, se vuelven quizás más irreverentes y confiados, desatendiendo a la prudencia.
Nos acercamos a dos personas que andan sacando cajas-nido de un vehículo. A poco que uno mire hacia arriba, verá buen número de estos artilugios que cuelgan como paquetitos de navidad, de las ramas medias y bajas de los robles.
Caja-nido utilizada en el estudio

-“Son cajas-nido para el estudio - nos comenta Javier Pérez Tris, Codirector del Grupo de Biología  de Conservación de Vertebrados, de la Universidad Complutense de Madrid- de enfermedades sanguíneas como la malaria aviar. Para ello nos anticipamos a la llegada de las aves para repasar y comprobar las cajas-nido. En un bosque maduro como este, no son necesarias, pues los árboles proveen de buen número de escondites para las aves. Pero un grupo de ellas, que nos visitan cada verano como el papamoscas cerrojillo o el herrerillo, sienten predilección por estas cajas. Ellos sufren durante la época de cría el acoso de unos pequeños mosquitos, que transmiten algunas enfermedades sanguíneas a las aves”.
Tras la picadura los insectos suelen posarse en el techo de las cajas, y aprovechando la circunstancia nuestros investigadores colocan precisamente ahí, una lámina pegajosa donde estos quedan adheridos.
El Plasmodium relictum, causante de la malaria aviar, se reproduce sexualmente en el interior de la hembra del mosquito y termina hospedándose en un ave, cuando el mosquito infectado se alimenta de la sangre de los pájaros, actuando como diseminador de la enfermedad. Esta puede causar la muerte de los individuos, si no han desarrollado defensas a la enfermedad.
Caja nido blindada anti-depredadores
Si deseas combatir a un enemigo, lo mejor será que sepas lo más posible de él. Para ello se estudia su ADN para identificar la multiplicidad de familias, que antes se pensaba, eran sólo unas pocas que son capaces de transmitir estas enfermedades.
La labor de campo siempre es tediosa, rutinaria y la cantidad de los factores de los que depende, también la hace terriblemente impredecible.
Las anotaciones de Carolina Remacha, van en otro sentido, controla como la ubicación de las cajas-nido en zonas recreativas, de transito, paso de vehículos,… afectan a la decisión de las aves de tomarla como vivienda, o a su éxito reproductivo si se deciden a instalarse en ellas.
Numeradas con letras y números, estas cajas-nido donadas por el Ministerio de Medio Ambiente, esta temporada aparecen reforzadas con una placas sobre la apertura de la puerta, para proteger del afilado pico del pico picapinos y pito real, las polladas del muestreo.
-“Se ha pensado en colocarles, una pequeña prolongación en la apertura y blindarlas con una malla a prueba de pájaros carpinteros, pero a mitad del estudio no se pueden cambiar las condiciones de la prueba”.-nos comentan-. Las garduñas, habilidosas, aprovechan para introducir la zarpa y sacar alguno de los polluelos durante la noche.
Él es delgado y habla con apasionamiento de su trabajo, ella más tímida, recoge su cabello con una coleta, visten ropa de campo e intuimos que el cargado maletero es propiedad de uno de ellos. Pertenecen al Grupo de Biología  de Conservación de Vertebrados de la Universidad Complutense y pese a ser un domingo y amenazar lluvia en cualquier momento, ahí están, al pie del cañón.
Desde Natursierra queremos recordar que la ciencia y la protección de nuestro entorno es cosa de todos y utilizar nuestro pequeño altavoz para dar a conocer el trabajo silencioso y desconocido de nuestros investigadores y agradecer a Javier y Carolina su colaboración y dedicación.


Más información sobre el Grupo de Biología  de Conservación de Vertebrados en www.ucm.es/bcv

Carbonero común

Bosque de La Herrería

Papamoscas cerrojillo

Trepador azul


1 comentario:

Katy Sánchez dijo...

Buen aporte. No tenía ni idea de por qué de estas cajas. Ya se algo más.
Saludos